Error #44: No adaptar el mensaje a quien lo recibe
Has comunicado algo importante a tu equipo. Te has preparado, has medido las palabras, has revisado los argumentos, al terminar, las caras no te acaban de cuadrar. 1 asiente, pero como quien no quiere preguntar. Otra se queda muy seria, otro ni siquiera te mira. Te vas pensando que no te han entendido, y casi siempre te han entendido.
Pere Rosales:Lo que pasa es que cada 1 ha entendido una cosa distinta. No adaptar el mensaje a quien lo recibe es un error muy común en líderes con experiencia, más incluso que en líderes nuevos. Cuando llevas tiempo, te acostumbras a tu manera de explicar las cosas, la gente ya te entiende, te sale como fluido, te sale ordenado, te sale además con una cierta convicción, llevas tiempo haciéndolo. Pero olvidas algo básico, la persona que tienes delante no comparte tu cabeza, no está dentro de ti, no ha estado en las reuniones donde tú has estado, no tiene el contexto que tú tienes, no ha rumiado el problema durante 3 semanas como tú lo has hecho, no tiene tu marco de referencia y no tiene, ni de lejos, el mismo punto de partida, es otra cosa, le viene de nuevo. Tú llegas con la película montada, quien escucha está viendo, por así decirlo, el primer fotograma.
Pere Rosales:Cuando hablas con una sola persona, eso se nota, lo notas tú, la conversación se ajusta sola, vas viendo la cara del otro, subes una palabra, bajas otra, repites algo, pones un ejemplo, cambias de ángulo, si hace falta, lo vuelves a repetir. En cuanto hay 3 personas delante, entonces el funcionamiento cambia un poco. Empezamos a hablar para una abstracción, hablamos de el equipo, la gente, los que están aquí. Y el equipo no existe, existe el ingeniero que vive del detalle y necesita números y concreción. Existe la persona que lleva 8 años en la casa y ha visto demasiados cambios mal gestionados, y está pensando en eso.
Pere Rosales:Existe el que esta mañana ha discutido con su jefe y todavía no se ha enterado de a qué reunión se ha metido. 3 personas, 3 mundos, y, en lugar de 3 puertas, estás abriendo una sola, la tuya, y esperando que entren todos por ahí. La trampa es que creemos que el mensaje es algo que sale de 1 y llega entero al otro, como si fuera un correo certificado. Funciona de otra manera, el mensaje se construye en quien lo recibe, no en ti, sino en la otra persona. Cada 1 lo monta con sus piezas, con su humor, con su día, con su historia, con la empresa, con el último mensaje que tú le dejaste, y que quizá ni tú recuerdas, pero esa persona sí.
Pere Rosales:Por eso, la misma frase tuya puede sonar a oportunidad para 1, y también a amenaza para otro, y a humo para un tercero. Adaptar el mensaje significa entrar por la puerta de cada persona. El contenido puede ser el mismo, la forma de entrar tiene que ser distinta. A alguien técnico le abres con un dato, a alguien con historia en la empresa, reconociendo lo que ha vivido antes, por ejemplo, a alguien que viene con la cabeza en otra parte y lo ves despistado o despistada, dándole un minuto a solas antes para que pueda llegar. Esto cuesta, y vale la pena decir por qué cuesta.
Pere Rosales:Cuesta porque obliga a salir de 1 mismo y meterse en el otro, cuesta porque obliga a aceptar que tu manera no es la única manera de explicar algo, Cuesta porque te empuja a renunciar al mensaje, a ese mensaje que tú quieres perfecto, ese que has ensayado 3 veces o más, y a aceptar que va a tener tantas versiones como personas allá en delante. Y cuesta, sobre todo, porque el líder, lógicamente, busca estar en control, quiere que el mensaje viaje limpio, quiere asegurarse de que no se distorsiona, quiere blindarlo, y un mensaje vivo adaptado no se puede blindar del todo. Hay que dejar que se acomode al que escucha, como si fuera líquido. Para mucha gente que lidera, eso se puede ver como una pérdida de control o de poder, tomarte en serio que la otra persona, esa otra persona, te devuelve ese poder. Estás canalizando lo que de verdad cuenta, lo que cada 1 se lleva de la sala, lo estás pensando tú antes.
Pere Rosales:Hay un gesto pequeño que cambia en las reuniones. Antes de la próxima vez que tengas que decir algo importante a más de una persona, dedica 30 segundos a pensar, mira la lista de quién va a estar, pon nombre a cada 1, visualízalo, pregúntate cómo está cada 1 esa semana, o cómo debe estar. Qué le preocupa, qué espera de esa reunión, qué necesita oír primero para que lo demás entre. El contenido sigue siendo exactamente el mismo, cambia la entrada. Ese ejercicio no aparece en ningún manual de de comunicación interna, pero cambia las reuniones, lo cambia todo, cambia las reacciones, cambia lo que pasa después, las conversaciones de pasillo al salir de la reunión, los WhatsApp que se cruzan, las versiones que circulan al día siguiente.
Pere Rosales:Cuando piensas en quién recibe lo que dices, llega de otra manera. La pregunta que habría que hacerse antes de cada conversación importante es, ¿estoy preparando lo que voy a decir o estoy preparando a quien se lo estoy diciendo? Porque casi nunca son la misma cosa, y casi siempre es lo segundo lo que falla, no lo primero. Seguimos.
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