Error #34: Intentar caer bien a todos

Pere Rosales:

Hay un momento casi invisible en el que empiezas a negociar contigo mismo, con el cliente, con el equipo, contigo. Te dices, bueno, no pasa nada si cedo un poco más, total, así evito el conflicto, prefiero que estén todos cómodos. Sin darte cuenta, empiezas a dirigir desde la necesidad de aprobación. No lo llamas así, claro, lo llamas ser cercano, lo llamas ser empático, crear buen clima, buen ambiente. Pero en el fondo hay algo más detrás de eso.

Pere Rosales:

Hay miedo a resultar incómodo, miedo a decepcionar, miedo a que alguien piense mal de ti. Y ese es el error, precisamente, este es el error del cual hablamos hoy, intentar caer bien a todos. Déjame hacerte una pregunta, ¿cuántas decisiones has suavizado para no molestar? ¿Cuántas conversaciones has maquillado para no tensar la cuerda? ¿Cuántas veces has dicho sí cuando querías, en realidad, decir no?

Pere Rosales:

El liderazgo no se rompe por una mala decisión, se erosiona por pequeñas renuncias acumuladas a lo largo del tiempo. Porque cuando intentas caer bien a todos empiezas a perder algo mucho más importante, que es tu claridad. Y cuando tú pierdes claridad, cuando yo pierdo claridad, el equipo pierde dirección. El problema no es querer que haya buen ambiente, eso es elogiable. El problema es cuando tu identidad como líder depende de la aprobación de los demás, y ahí ya no estás liderando, estás gestionando percepciones, y eso tiene un coste, y es un coste que no es bajo.

Pere Rosales:

Un líder que necesita gustar evita el conflicto, un líder que evita el conflicto posterga decisiones, y un líder que posterga decisiones genera incertidumbre a su alrededor. Y la incertidumbre desgasta más que cualquier conversación incómoda que pueda haber. Te lo digo de otra forma, cuando quieres caer bien a todos, obligas a tu equipo a adivinar qué piensas de verdad, y eso lo que crea es inseguridad, porque la gente no necesita que le gustes. Lo que necesita es confiar en ti. Y la confianza no nace de agradar, nace de la coherencia.

Pere Rosales:

Hay una diferencia enorme entre ser amable y ser complaciente. La amabilidad tiene límites claros. La complacencia los diluye. La amabilidad dice, te respeto y por eso te digo la verdad. La complacencia, en cambio, dice, prefiero que estés tranquilo, aunque esto nos perjudique.

Pere Rosales:

Y ahí viene una pregunta incómoda, ¿tú quieres que te quieran o quieres que te respeten? Porque, a veces, las 2 cosas no coinciden. Cuando marcas un límite puede que alguien se incomode. Cuando tomas una decisión difícil puede que alguien no esté de acuerdo. Cuando dices que lo que otros no se atreven a decir, pues que dejas de ser el favorito, digamos, pero que también te conviertes en alguien previsible, sólido y confiable.

Pere Rosales:

Y eso, a medio plazo, genera algo mucho más profundo que simpatía, lo que genera es seguridad, confianza. Y el buen liderazgo no consiste en gustar, como decía antes, consiste en sostener decisiones con conciencia, y eso implica aceptar que no siempre vas a caer bien. De hecho, si siempre caes bien, probablemente, estás evitando algo. Tal vez estás evitando decepcionar, tal vez estás evitando confrontar, tal vez estás evitando crecer, porque crecer como líder implica, también, tolerar cierta incomodidad social, Implica soportar miradas, críticas, sin perder el centro. Implica entender que tu función no es agradar, es cuidar el rumbo, vamos para allá, vamos para allá.

Pere Rosales:

Te dejo con la última pregunta. Si mañana dejaras de intentar caer bien, ¿qué decisión tomarías diferente? Ahí empieza el siguiente nivel. Nos vemos en el siguiente episodio.

Error #34: Intentar caer bien a todos